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jueves, 19 de abril de 2012

Aspectos controvertidos del asesinato de Calvo Sotelo: Conclusiones

A la hora de definir las conclusiones a los tres artículos que he escrito, que ya van a entrar en el terreno de lo estrictamente subjetivo, he de decir que en ningún caso era el objetivo de los mismos juzgar, culpabilizar o justificar las actuaciones de ninguna de las personas, partidos políticos o instituciones que participaron o se vieron salpicados por este suceso. Parece evidente que muchas de estas actuaciones no fueron especialmente ejemplares, pero como he dicho en varias ocasiones el motivo de estos escritos es analizar la presentación del asesinato del político monárquico como el asesinato del jefe de la oposición a manos del gobierno como resultado de un proceso iniciado con la victoria del Frente Popular y caracterizado por una violencia unilateral de la izquierda hacia la derecha y que provocó, y es el motivo de esta utilización, el levantamiento militar del 18 de Julio.
Como muestra de ello, el discurso que el dictador Francisco Franco durante la inauguración del monumento erigido en Madrid en 1960:
«La muerte de Calvo Sotelo por los propios agentes encargados de la seguridad fue la demostración palpable de que, rotos los frenos, la Nación se precipitaba vertiginosamente en el comunismo. Ya no cabían dudas ni vacilaciones: el asesinato, fraguado desde el Poder, del jefe más destacado de la oposición, unió a todos los españoles en unánime y ferviente anhelo de salvar a España. Sin el sacrificio de Calvo Sotelo la suerte del Movimiento Nacional pudo haber sido muy distinta. Su muerte alevosa venció los naturales escrúpulos de los patriotas, marcándoles el camino de un deber insoslayable.»
Monumento a Calvo Sotelo en Madrid
Frente a esto, y una vez analizados los hechos, mi opinión es diametralmente distinta.
A partir del triunfo del Frente Popular se inicia un proceso, que algunos historiadores ya han apuntado, de provocación con el fin de crear un ambiente propicio que llevara a un movimiento sedicioso masivo por parte de la derecha, y evidentemente del ejército.
La multiplicidad política existente en España, donde la creación de grupos o alianzas políticas, respondían mas a la intención de que los contrarios no ganaran las elecciones, que a verdaderas afinidades, y como muestra nos vale el propio Frente Popular que firmaron un acuerdo de mínimos tendente mas a paliar las consecuencias represivas de la revolución de Octubre, pero llegando apenas a acuerdos de otro tipo y mostrando incluso por escrito las desavenencias entre republicanos y socialistas, o el Frente contrarrevolucionario promovido por Gil Robles, donde, al no poder llegar a un acuerdo global, ni en este caso ni anteriormente con la iniciativa del Bloque Nacional de Calvo Sotelo, la derrota electoral, modesta en numero de votos, fue enorme en escaños, ha llevado a varios historiadores que han estudiado este periodo a concluir la imposibilidad de que un sector social se impusiera ya fuera desde el punto de vista político o en la calle. Desde ambos lados la división ideológica dentro de sus bloques, no impedía que se pensara en el contrario como conjuntos monolíticos, y que los actos de una persona o grupo dentro de ellos se percibieran como resultado de una estrategia común y como consecuencia, con una responsabilidad también común. Esto selló la suerte de Calvo Sotelo
El único colectivo que podía terminar con este equilibrio a la baja era, si se conseguía implicar a un número suficiente, las fuerzas armadas, contando entre ellas no solo al ejercito, sino también a las fuerzas de seguridad, especialmente la Guardia Civil. A conseguir una reacción de estos cuerpos es hacia donde se dirigieron las acciones de la extrema derecha. El historiador Salas Larrazabal, destaca en su libro “Historia del Ejercito Popular”, que la gran mayoría de los militares se encontraban posicionados en una posición apolítica entre los extremismos representados por la derechista UME, que ya cité anteriormente, y la UMRA que respondía a las siglas Unión Militar Republicana Antifascista y de la cual huelga comentar su tendencia.
No tenían, por tanto, tampoco ninguna de las dos tendencias la posibilidad de imponerse militarmente, ya que no existía la seguridad de que un número importante de militares, hablamos evidentemente de oficiales, se decantar por una opción. Frente a esto, la extrema derecha debía intentar superar el carácter jerarquizado de la milicia y los esfuerzos de los republicanos por poner el ejército al servicio del poder civil, apelando al sentimiento patriótico y de orden propio de los militares sacando a relucir el carácter pretoriano que destaca el historiador militar Blanco Escolá, y que había primado durante el siglo XIX y lo que se llevaba del XX, y que había tenido como consecuencia numerosos levantamientos de distinto signo, los últimos el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923, el levantamiento de Jaca de 1930 o el golpe de Sanjurjo de 1932. Esta tendencia del ejercito español a la intervención en los asuntos internos del país era con la que contaban los golpistas ante la victoria del Frente Popular y aún antes. Para ello utilizaron tres tipos de iniciativas.
Fermin Galan, junto con Garcia Hernandez, promotor de la sublevación republicana de Jaca.
La primera e inicial fue el agravamiento del clima de inestabilidad social existente y provocado por las reivindicaciones en forma de huelgas y ocupaciones de tierras, mediante los intentos de reventar estas huelgas que terminarían, y a veces sin necesidad de mediar huelgas, en enfrentamientos callejeros que en ocasiones terminaban a tiros y, como consecuencia, con el resultado de muerte. Para la creación de este ambiente necesitaban, y tenían, la entusiasta colaboración de la extrema izquierda, también siempre presta a responder con igual o superior violencia a las acciones de sus contrarios, o en cualquier caso, a tomar la iniciativa de la violencia política.
Hay que apuntar, que cuando hablamos de extrema derecha nos referimos a los grupos a la derecha de la CEDA, contando entre ellos a sus propia juventudes, las JAP, y a partidos monárquicos como Renovación Española, carlistas como el Tradicionalista o claramente fascistas como Falange o el Partido Nacional Español. En la extrema izquierda entrarían asi mismo los partidos a la izquierda del PSOE, contando también con sus juventudes, la JSU, una vez unida a las comunistas, el PCE o los anarquistas, y entre estos sobre todos los que pertenecían a la Federación Anarquista Iberica, la FAI y a las Juventudes Libertarias, por encima de los que abogaban por la lucha sindical dentro de la CNT o los que admitían participar en política, como el Partido Sindicalista de Angel Pestaña, si bien hay que decir que en este periodo y sobre todo en Madrid, los anarquistas tuvieron poco protagonismo.
La segunda fue ir un peldaño mas arriba, llevando a cabo atentados contra personalidades republicanas de primera fila, como Jimenez de Asúa o Largo Caballero, sin duda con la esperanza de provocar una reacción de las masas que los seguían o incluso del propio estado, frente a estos ataques.
La tercera, y a la postre la más certera, fue la de atacar a quienes, junto con el propio estado, al disponer de los medios puestos a su disposición, tenían la fuerza suficiente para ejecutar una acción de tal calado que conllevara la reacción militar buscada. Este grupo era el de los militares republicanos de tendencia izquierdista, especialmente los socialistas. Y efectivamente, estos, ya seguramente soliviantados debido a los atentados y muertes sufridas por personas de su misma ideología, pasaron a la exaltación y los deseos de venganza cuando estos incidentes afectaron a compañeros de milicia e ideología. El asesinato del capitán Faraudo estuvo a punto de ser la espoleta que activara la respuesta violenta de este colectivo, pero ante la del teniente Castillo ya no hubo marcha atrás.
La posterior muerte del diputado Calvo Sotelo hizo que muchos militares se decantaran por el golpe de estado, sin embargo, incluso con este grave suceso, la polarización y división de la sociedad española hizo que muchos militares no necesariamente izquierdistas, no dieran el paso hacia la franca rebelión, quedando el conjunto del ejercito y las fuerzas de seguridad divididas prácticamente en dos, provocando que el golpe de estado tuviera mayor éxito que el promovido en 1932 por Sanjurjo, pero no el suficiente como para conseguir una toma inmediata del poder y provocar la posterior Guerra Civil.
Habría sido,  por tanto, la muerte del diputado conservador Jose Calvo Sotelo, el resultado de una estrategia de provocación por parte de la extrema derecha que tendría como objetivo una reacción violenta por parte de la izquierda, de una proporción tal que forzara la reacción de los elementos militares conservadores todavía no decididos a intervenir en el golpe de estado.
Podemos, para finalizar, intentar analizar cual fue la razón por la que Calvo Sotelo fue elegido como víctima de la acción que tuvo como resultado su asesinato, y que está íntimamente ligado a la concepción de este como crimen de estado o como represalia consecuencia de otro atentado anterior.
Desde el punto de vista del asesinato como crimen de estado, creo que lo primero sería definir cual es la intención de este tipo de crímenes cuando tienen un trasfondo político, y que en mi opinión no es otro que desbaratar a la oposición eliminando a sus principales líderes que son los que le dan cohesión y capacidad de resistencia. Un ejemplo de este tipo de crimenes sería la muerte del diputado socialista italiano Matteotti, llevada a cabo por camisas negras fascistas, si bien se duda si hubo implicación directa de Mussolini, pero que provocó, como protestas, el abandono de la oposición del parlamento, en lo que se considera un grave error por su parte ya que dejó el poder absoluto al dictador fascista.
Giacomo Matteoti.
Basándonos en esto y en mi opinión, el único líder de la oposición después de las elecciones de 1936 con suficiente prestigio, liderazgo y capacidad para unir a las diferentes fuerzas de la derecha, era Jose Maria Gil Robles. Debemos tener en cuenta que mientras el resto de las fuerzas de derecha, tanto republicana como conservadora, habían perdido votos o habían subido muy poco, la CEDA dirigida por Gil Robles había subido de casi un catorce por ciento a mas de un veintitrés, asumiendo, sin duda muchos votos tanto de los sectores mas reaccionarios como de los mas moderados y republicanos.
Procedía el abogado salamantino de la derecha mas conservadora, habiendo ocupado cargos poco relevantes, entre otras cosas porque era bastante joven, en la dictadura de Primo de Rivera y había iniciado su vida política en la República en torno al periódico el Debate de Herrera Oria, a partir del cual creo Acción Popular y esto le daba cierto prestigio dentro de la derecha mas conservadora. Pero también había optado hábilmente por el llamado “accidentalismo” que le permitía hace política en cualquier sistema político, y que si bien era un aspecto negativo respecto a la izquierda, que le consideraba antirepublicano, le daba un aire de moderación en la derecha republicana y que le permitió incluso pactar listas electorales y posteriormente gobiernos con el Partido Radical de Lerroux, e incluso es muy probable que se llevara muchos de los votos mas conservadores de este partido cuando este se hundió.
Su actuación apoyando en los gobiernos radicales a partir de 1933 y participando en ellos posteriormente, manteniendo escrupulosamente la legalidad frente a ciertos cantos de sirena que le empujaban a dar un golpe de estado cuando era Ministro de Guerra le daba un aire moderado que compensaba por otra parte con algunas declaraciones salidas de tono en cuanto al cambio constitucional que pretendía, aunque desde dentro del sistema, ciertas simpatías con la dictadura austriaca de Dollfus, viajes a la Alemania nazi o la actitud cuasi fascista de las juventudes de Acción Popular, las JAP.
Es cierto que su estrella parecía haber palidecido algo después de las elecciones, cuando cierta parte de la derecha, entre ella las JAP, optaron abiertamente por la vía insurrecional, pero también es cierto que ningún otro líder de derechas podía lograr un consenso tal entre ellas, y desde luego tampoco Calvo Sotelo, que si bien se hacía notar en el Parlamento, era conocido por su radicalismo cercano al fascismo, por lo tanto no tenía la confianza de la derecha moderada.
Jose María Gil Robles, durante un mitin 
Tenía además, la animadversión de la izquierda, sobre todo de los socialistas, debido no solo a su calidad de líder de la derecha, como también por su actuación durante la durísima represión de los hechos de 1934, presionando para que se cumplieran las penas de muerte a los implicados, mientras había sido el mismo el que había promovido los indultos a los personajes implicados tanto en la dictadura de Primo de Rivera como en la “Sanjurjada” de 1932 que permitió la vuelta de Calvo Sotelo, por una parte, y la salida de la cárcel de Sanjurjo, permitiéndole que siguiera confabulando contra la República. También se le consideraba responsable, junto con Lerroux, de la implicación de Azaña en estos hechos y su encarcelamiento, siendo posteriormente puesto en libertad en político republicano debido a la imposibilidad de relacionarle con ellos.
En mi opinión,  Gil Robles era la victima perfecta para un crimen de estado, y si el estado, o el gobierno hubieran tenido interés en asesinarle, no creo que les hubiera detenido que el día en cuestión no estuviera en casa, aun cuando pudiéramos pensar que pretendían disfrazarlo de venganza sectaria, ya que tanto Calvo Sotelo, como Goicoechea, del que también se habló en su momento no tenían comparación en cuanto a trascendencia con el líder de la CEDA.
Era, sin embargo, Calvo Sotelo una víctima ideal para un represalia política, ministro de la dictadura de Primo de Rivera, de clara ideología ultra, con un verbo fácil y agresivo que incendiaba las Cortes, pertenecía además a un partido que había colaborado económicamente con la Falange, la cual estaba considerada responsable última de los atentados contra izquierdistas, se había aliado electoralmente con un partido fascista como el PNE y mantenía contactos con la Italia de Mussolini para conseguir financiación y armas.
Tenía por tanto, tantas o mas características, que Gil Robles para sufrir una acción de este tipo, al ser un personaje tremendamente odiado por la izquierda, aunque en este caso mas por causas viscerales que prácticas, ya que ni su peso político, ni sus actos eran comparables con los del político salmantino. Los beneficios que podía sacar el estado o el gobierno de un atentado contra Calvo Sotelo eran mínimos, y sin embargo, los perjuicios, debido a ser un político que actualmente consideraríamos “mediático”, muy grandes.
Basándome tanto en esto como en los argumentos y datos aportados en los tres artículos anteriores, creo que es bastante evidente que Calvo Sotelo fue victima de una venganza política por parte de los compañeros y correligionarios del Teniente Castillo, fruto de un largo proceso de provocación por parte de la extrema derecha y que dio como resultado su asesinato y como último objetivo, el levantamiento militar del 18 de Julio de 1936.
SALUDOS.

miércoles, 18 de abril de 2012

Aspectos controvertidos del asesinato de Calvo Sotelo: ¿Crimen político?

En este tercer artículo analizaremos el asesinato de Calvo Sotelo como crimen de estado, consecuencia, como hemos visto en otros artículos de una situación prerrevolucinaria que habría llevado al asesinato del jefe de la oposición por parte de las fuerzas de seguridad del estado.
Este argumento se basa a su vez en tres pilares, primero la responsabilidad del PSOE en el asesinato, segundo participación de la fuerzas de seguridad del estado y tercero la falta de investigación del mismo.
He de decir que por mucho que he buscado, no he encontrado ninguna referencia a una orden ya sea directa o indirecta para llevar a cabo el asesinato, ni si quiera en la Causa General de 1943, que se limita, a relatar los hechos y a establecer relaciones entre los participantes en el hecho y algunos dirigentes socialistas.
Analizaremos, por tanto, este punto desde las relaciones, conjeturas o presunciones que se han establecido desde el mismo asesinato con el fin de presentarlo como un crimen de estado.
En cuanto a la participación de PSOE en mi opinión sería necesario conocer un poco la situación del partido durante el periodo anterior a la Guerra Civil, ya que las diferencias y divisiones se habían acentuado hasta llegar a un punto donde según algunos historiadores de no haber mediado el conflicto, el histórico partido socialista habría sufrido una escisión.
Por una parte estaban las Juventudes Socialistas, que de la mano de Santiago Carrillo habían virado, como casi todas las juventudes de los partidos, hacia posiciones mas extremas acercándose de forma significativa a el comunismo hasta el punto de fusionarse con las poco numerosas juventudes del PCE. Por otra parte estaba el sector caballerista, que se apoyaba en el sindicalismo de la UGT y tenía un sesgo mas revolucionario, aunque para algunos no pasaba de la mera retórica. Por último estaba el sector centrista, representado en la figura de Indalecio Prieto, el cual tras la participación en la huelga general revolucionaria de 1934 que desembocó en Asturias en un levantamiento armado, la Revolución de Octubre, había tenido que exiliarse volviendo posteriormente a las posiciones de centro. A este sector pertenecía el grupo minoritario de las Juventudes Socialistas que dirigido por Enrique Puente habían permanecido fuera de la unión con las juventudes comunistas. Algunos de estos jóvenes, habían formado el grupo llamado “La motorizada”, al cual pertenecía Luis Cuenca, asesino físico de Calvo Sotelo, y era entrenado por el capitán Condés, militar que mandaba el grupo que secuestró al político monárquico.
Era, por tanto, el PSOE no solo un partido poco cohesionado, sino abiertamente enfrentado entre el sector caballerista, apoyado por la JSU, y el sector prietista o centrista, apoyado por los moderados de Besteiro.
Indalecio Prieto
Vamos a detenernos un poco más en “La motorizada”, ya que es una de las claves mediante la cual se relaciona a los asesinos de Calvo Sotelo con Prieto y por tanto con el PSOE. Como hemos dicho se trataba de un grupo formado por jóvenes socialistas que no se habían integrado en la JSU y que es considerado por Santiago Carrillo en sus memorias como un grupo violento y pronto a usar las armas, tal y como sucedió en el congreso de la juventud socialista madrileña, donde según el político comunista se presentaron los miembros de este grupo enseñando sus pistolas con el fin de reventar el acto.
Aunque quizás tuvieran sus razones para usar estas armas. Su función era velar por la seguridad de Indalecio Prieto en los mítines que este daba por toda España,  no solo frente a los elementos derechistas o anarquistas, tradicionales enemigos, sino también frente al sector caballerista, tal y como sucedió en un mitin celebrado en Écija Según relata Octavio Cabezas en la biografía de Indalecio Prieto,  los seguidores de este sector socialista atacaron a tiros a los prietistas, siendo estos defendidos por los miembros de la motorizada de igual forma. Al parecer durante este suceso Luis Cuenca salvaría la vida de Indalecio Prieto, el cual, como no podía ser de otra forma, le estaría eternamente agradecido. Este hecho ha sido utilizado para presentar a Cuenca como guardaespaldas personal de Prieto y persona de su confianza, lo cual, a tenor de lo que se conoce es algo atrevido.
Podemos por tanto deducir que “La motorizada” era un grupo de jóvenes socialistas, del sector prietista, creado para salvaguardar la seguridad de su líder y que desde luego parecía no rehuían la confrontación, aunque fuera a tiros. Hay que tener en cuenta que en esos años, la mayoría de las juventudes de los partidos, desde la CEDA hasta la extrema derecha y desde el PSOE hasta la extrema izquierda, tenían grupos, o ellas mismas lo eran, de carácter cuasi paramilitar que recibían entrenamiento por parte de militares afines a su ideología. De ahí a otras interpretaciones que se han hecho en el sentido de que se trataba de una especie de “escuadron de la muerte”, o que Luis Cuenca era un guardaespaldas que actuaba como un sicario de Indalecio Prieto, creo que va un largo trecho.
Otro de los argumentos para justificar la responsabilidad del PSOE son los sucesos que ocurrieron inmediatamente después de la muerte de Calvo Sotelo.
Sobre este hecho, al igual que sobre muchos otros, existe cierta confusión con mezcla de hechos y conclusiones muy por encima de estos. En mi caso para hacer una sucesión de hechos lo mas ajustada posible me basaré en la biografía  de Prieto anteriormente citada.
El diputado socialista Zugazagoitia, relata en sus memorias que la misma noche del asesinato recibió la visita de una persona que le informó que había matado a Calvo Sotelo, esta persona, que Zugazagoitia no cita, al parecer era Luis Cuenca. Según el propio diputado socialista, llamó a varios de sus compañeros para informarles sobre el asesinato, con el fin de que tomaran las precauciones correspondientes para evitar represalias, entre ellos Prieto al cual, encontrándose fuera de Madrid, recomendó que volviera. Al parecer Zugazagoitia, al oir a Luis Cuenca dijo, “Es la guerra”.
Julian Zugazagoitia.
Por otra parte, al día siguiente Vidarte, otro diputado socialista, recibió la llamada de Condés, en la que le decía que acudiera a la sede del PSOE. Así lo hizo y allí se encontró con el capitán de la guardia civil que le relató lo sucedió. Vidarte, después de afearle el hecho, le preguntó si tenía donde esconderse, a lo que Condés le contestó que seguramente en el domicilio de Margarita Nelken, otra diputada socialista de la cual había actuado como escolta.
Indalecio Prieto por su parte, se trasladó inmediatamente a Madrid, donde ya se sabía quien había sido los asesinos. Según su testimonio, al salir de la sesión del Congreso donde se debatió sobre los asesinatos de Castillo y Calvo Sotelo, al llegar a su casa, le esperaba un números considerable de jóvenes socialistas esperando noticias, entre ellos le abordó Condés que le informó de su intención de suicidarse, a lo que  Indalecio Prieto le dijo que, en los días que se avecinaban, tendría oportunidad de poner su vida en juego.
Según Prieto, Condés no tenía intención de asesinar a Calvo Sotelo, sino solo detenerle, y fue Luis Cuenca quien tomó la iniciativa de matarlo, lo cual es, hoy por hoy, dificil de demostrar.



Cadaver de Calvo Sotelo
A partir de estos hecho, y teniendo como fin el que he citado varias veces, justificar el alzamiento, se ha creado una serie de medias verdades que terminan convirtiéndose en una gran mentira.  No es cierto, o por lo menos yo no he podido atestiguarlo, que los dirigentes socialistas ocultaran o protegieran a los asesinos de Calvo Sotelo. No existe, aparte de que los implicados establecieran contacto con Zugazagoitia, Vidarte o Prieto, evidencia de ello, ni si quiera se puede asegurar que Margarita Nelken acogiera en su domicilio a Condés, ya que lo único que sabemos es su intención de ir a la casa de la diputada socialista, pero no si esta, una vez conocido el suceso, se avino a hacerlo.
Lo que si podemos concluir es que estos dirigentes no cumplieron con su deber de, una vez conocido el hecho, haber denunciado a los autores a la policía cuando  estos fueron a verles. No sabemos si la causa fue un corporativismo ideológico, o un miedo a las represalias o al conflicto civil, tal y como expresa Zugazagoitia, la cuestión es que no lo hicieron y eso es lo que se les puede achacar, que no es poco.
No creo que haya, mas allá de comportamientos poco edificantes, evidencias de que el PSOE estuviera implicado en el asesinato de Calvo Sotelo, ya que además de no existir evidencia de ello, la actuación de ciertos socialistas no tendría porque implicar al partido como institución.  Y aunque así fuera, la implicación del PSOE tampoco tendría que conllevar la del gobierno, ya que el PSOE no estaba en el gobierno en aquella época, ni durante todo el periodo comprendido entre las elecciones de Febrero de 1936 y el asesinato de Calvo Sotelo. Los gobiernos en este periodo estuvieron exclusivamente formado por republicanos, con la aportación de algún independiente, procedentes sobre todo de Izquierda Republicana y Unión Republicana.
No se puede, en mi opinión argumentar tampoco la pertenencia al Frente Popular, que no pasaba de ser una coalición electoral donde se había pactado un programa mínimo, sin haber llegado a un acuerdo en varias cuestiones, pero que no implicaba una unión política ni mucho menos.
El segundo pilar de la argumentación a favor del asesinato como crimen de estado sería la participación de las fuerzas de seguridad de estado en el mismo y en especial de la Guardia de Asalto, nos detendremos un poco en este cuerpo de seguridad.
Su creación partió  de la idea por parte del gobierno provisional republicano, y en especial de Miguel Maura, nombrado ministro de gobernación, de la necesidad de crear una fuerza del orden eminentemente republicana que se encargara de la seguridad y las alteraciones del orden en las ciudades, sustituyendo en este cometido a la Guardia Civil y formando, junto con este cuerpo y el de carabineros, las fuerzas de seguridad del estado.
Guardias de Asalto reprimiendo una huelga en Barcelona
Sus primeros antecedentes serían las Compañías de Vanguardia y Asalto del Cuerpo de Seguridad, especializadas en alteraciones del orden público.   En 1932 se constituiría ya definitivamente como Cuerpo de Seguridad y Asalto, siendo nombrado para su dirección y organización el general africanista Muñoz Grandes, que se mantuvo en el cargo hasta 1935.

Agustin Muñoz Grandes, durante su etapa en la dirección de la Guardia de Asalto
Era un cuerpo de élite, con unas exigencias físicas enormes, pidiéndose una estatura media de 1,80, lo que en la época debía ser bastante, y unas pruebas bastante duras. Tenía, como los guardias civiles o carabineros, un carácter básicamente militar, siendo la mayoría de sus oficiales militares de carrera, como de hecho lo eran  tanto el  Teniente Castillo como el capitán Condés, este en la guardia civil, que habían servido en Africa.
 Era, por tanto, un cuerpo básicamente republicano, pero no creo que se pueda decir que de una ideología izquierdista, ni el brazo armado del Frente Popular que se ha querido presentar, habiendo sido de hecho promovido por un político conservador y dirigido por un general de una ideología bastante reaccionaria, como Muñoz Grandes, que llegó a dirigir la División Azul, siendo quizás el general mas cercano al falangismo.
Guardias de Asalto entrando en Casas Viejas, donde tendrían una polémica actuación
No era así al parecer en la Segunda Compañía, a la cual pertenecía el Teniente Castillo y que destacaba, si hacemos caso al testimonio de uno de los guardias de asalto que iban en la camioneta en la que se perpetró  el asesinato de Calvo Sotelo, Aniceto Castro, por su carácter izquierdista y revolucionario, y que contrapone a esta la que el llama “Compañía del pacifico”, formada por gente “de orden”.
Fue esta compañía, o mejor dicho, miembros de ella, la protagonista de los hechos que sucedieron al asesinato del teniente Castillo. Para seguir el relato de estos hechos utilizaré  el que realiza en sus memorias “No fue posible la paz” Jose Maria Gil Robles, el cual es, de los que he encontrado, el mas amplio y detallado, además de coincidente con varios testimonios como el del citado Aniceto Castro.
Teniente Jose Castillo
Según relata el político conservador, lo que sucede en el cuartel de Pontejos, sede de la Guardia de Asalto seguidamente al asesinato del teniente Castillo es un auténtico motín, donde un grupo de guardias van a ver al ministro de Gobernación, según otros al Director General de Seguridad, para pedirle represalias y detenciones de personalidades de derechas. Estos guardias serán arrestados, hecho este que Gil Robles considera que fue positivo pero insuficiente, porque a lo largo del día ser irán sumando en el cuartel numerosos guardias dispuestos a llevar a cabo las acciones pedidas por sus compañeros.
Recordemos, que tal y como expuse en el articulo anterior, después de la muerte del capitán Faraudo, se habían reunido varios militares de tendencia izquierdista dispuestos a llevar a cabo represalias contra personalidades de derecha, acciones que finalmente no se habían llevado a cabo. No es de extrañar, por tanto que la reacción de los compañeros del teniente Castillo fuera en este caso aún mas decidida que en la ocasión anterior, teniendo como tenían, grandes deseos de venganza y una idea previa de las acciones a realizar.
Militantes socialistas velando el cuerpo del Teniente Castillo, entre ellos, el Capitán Condés.

Se juntan, de esta forma, un numeroso grupo compuesto por guardias de asalto y de otros cuerpos de seguridad o militares, tanto de uniforme como de paisano y entre los que estaban mezclados varios civiles, entre ellos Luis Victoriano Cuenca.  En el tumulto que se produce dos figuras con la idea de organizar y llevar a cabo las acciones de castigo, el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés y el Teniente Moreno, adscrito a la Guardia de Asalto, que recordemos era uno de los militares izquierdistas señalados en el presunto listado encontrado a la ultraderechista Unión Militar Española.  Se acuerda finalmente regresar a las doce con el fin de organizar y llevar a cabo las acciones de represalia, se supone con el fin de que hubiera menos testigos. Surge aquí la figura del teniente Leon Lupión, que ordena al cabo de la camioneta número diecisiete que se presenten en el cuartel a la hora indicada.
A  medianoche se encuentran en el cuartel de regreso los mas dispuestos a actuar, decidiéndose que se realizarían dos misiones, una a cargo del capitán Condés, que iría al domicilio de Calvo Sotelo y otra a cargo del Teniente Moreno, que iría al de Gil Robles. Esta versión desdeciría otra que habla de una sola misión a las viviendas de Goicoechea, Gil Robles y Calvo Sotelo. Algunos autores han dudado incluso de que existiera la misión que fue al domicilio de Gil Robles.
Al parecer, cuando fueron decididos los grupos y misiones, de nuevo el Teniente León Lupion de la Guardia de Asalto ordenó a la dotación de la camioneta 17 que subieran a la misma, indicándoles que a partir de ese momento estaban a las órdenes de Condés.
Camioneta nº 17 de la Guardia de Asalto, utilizada en el asesinato de Calvo Sotelo
No voy a entrar en lo que sucedió a partir de la salida de la camioneta del cuartel de Pontejos, ya que creo que está suficientemente estudiado y relatado, quedando si acaso la duda de si Condés, una vez llegados a la camioneta con el político monárquico, no quiso montar en ella, teniendo que hacerlo ante la negativa de Calvo Sotelo de hacerlo el sino lo hacía que Guardia Civil, o si simplemente si Condés estaba ya subido a ella y Calvo Sotelo se limitó a preguntar por el para estar mas tranquilo.
Puede parecer una cuestión menor, pero si la versión que cuenta Prieto sobre la intención de Condés de llevar a Calvo Sotelo a la Dirección de Seguridad es cierta, puede que este no quisiera presentarse allí con una dotación de los guardias de asalto, dado lo irregular de su presencia así como la de los civiles.
En conclusión en mi opinión el hecho de que se utilizara una dotación de la Guardia de Asalto para perpetrar el asesinato no convierte este en un crimen de estado. Como hemos visto de la sucesión de hechos, la dotación de la camioneta numero 17 fue utilizada aprovechando la estructura jerárquica militarizada del cuerpo de asalto, la cual fue usada para que esta dotación interviniera en una acción del todo irregular. No debió extrañar tampoco a sus miembros la presencia de civiles, ya que como se desprende del relato los militares que ese día se presentaron en el cuartel del Pontejos iban tanto de uniforme como de paisano, se supone que dependiendo de si estaban de servicio o no. Entre los que estaban de paisano figuraba el capitán Condés, que como ya hemos visto, era oficial de la Guardia Civil, de forma que entre los allí congregados se debía encontrar militares de los distintos cuerpos y entre ellos mezclados elementos civiles.
La acción de represalia estaba además, sino organizada si pensada desde, como vimos en el articulo anterior, la muerte del capitán Faraudo, de forma que lo que hicieron los participantes en el asesinato, fue, una vez perdido todo escrúpulo por la muerte de otro compañero.
Destaca también, que una vez producidos los primeros brotes de indisciplina, los guardias que participaron fueran arrestados, y si bien Gil Robles achaca el hecho de que no se tomaran otras medidas vista la situación, también es cierto que los conjurados no pasaron a organizar y actuar hasta la media noche, una vez que la presencia de testigos era menor.
Se entiende de igual forma, que si el gobierno hubiera querido realizar una acción de este calado, no lo hubiera hecho de forma tan evidente, y hubiera utilizado personas de su confianza, y no guardias rasos como Aniceto Castro, libres de todo distintivo que les identificara como agentes de la autoridad, y desde luego no habría dejado tantas huellas en forma de agentes uniformados a la vista de escoltas, conserje de la casa de Calvo Sotelo, su familia o los empleados del cementerio. Una acción de represalia para ejemplarizar, sin embargo, no hubiera necesitado algunas de las cautelas que supuestamente se llevaron a cabo, como dejar el cadáver abandonado en el cementerio, o hacer limpiar de sangre la camioneta.



Juan Moles Ormella, Ministro de Gobernación durante la muerte de Calvo Sotelo.
En todo caso parece mas la acción de venganza de un grupo de militares politizados, acompañados por ciertos civiles de la misma ideología, que abusando de su escalafón jerárquico, utilizaron los medios puestos a su cargo por el estado, para llevar a cabo sus propios objetivos. En caso contrario caeríamos en el absurdo de tener que concluir que el golpe de estado que se perpetró días mas tarde, fue también realizado por el propio gobierno, ya que en el participaron las distintas fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, y no solo el Ejercito, sino también los carabineros, guardías civiles en incluso los propios guardias de asalto que dependiendo de la zona donde estuvieran destinados, o el mando militar que los dirigiera se sumaron o no al alzamiento. En este caso estaba, por ejemplo, Queipo del Llano que en el momento de la sublevación era inspector de cuerpo de carabineros, función que utilizó para justificar su presencia en Sevilla el día 18.
El último argumento en cuanto a la implicación del gobierno en el asesinato, y por tanto la presentación de este como crimen de estado, es la falta de investigación de los hechos por parte de los poderes de la República. Sin embargo, el propio Indalecio Prieto, citado en la biografía de Octavio Cabezas, dice que al día siguiente, a su llegada a Madrid ya se sabía quien había cometido el crimen, y después cuando Condés le aborda en la calle, el dirigente socialista le comunica la guardia civil que la investigación le cita a el como autor del asesinato.
El historiador Rubio Cabezas, en su diccionario de la Guerra Civil relata también las investigaciones que siguieron al crimen, obstaculizadas, eso si, por oficiales superiores de la dotación que se utilizó, como el comandante Burillo. Pero es evidente que investigación hubo, como también lo es que una vez llegado el 18 de Julio y con la desaparición temporal del estado que se produjo merced a la deserción de ciertos miembros de las fuerzas del orden de sus obligaciones, esta se difuminó en medio de la vorágine que siguió a estos hechos, e incluso el día 25 de ese mismo mes, una serie de milicianos entraron en el juzgado donde se llevaba el hecho, llevándose el expediente, del cual evidentemente no se volvió a saber.
El comandante Burillo, durante la Guerra Civil.
Por último, y en cuanto a este punto del asesinato como crimen de estado, es interesante conocer las opiniones de dos personas bastante cercanas, por lo menos ideológicamente a Calvo Sotelo, como son Jose Maria Gil Robles, líder del principal partido de la oposición, la CEDA y de un correligionario del fallecido en Renovación Española, que además al parecer fue su amigo, Pedro Sainz Rodriguez. Ambos curiosamente, posteriormente serían consejeros de Don Juan en su exilio de Portugal.
Jose Maria Gil Robles relata en sus memorias “No fue posible la paz”, que nunca tuvo ninguna prueba, ni creyó personalmente, a pesar de los duros ataques que dirigió al gobierno en las Cortes, que el gobierno estuviera implicado en los hechos, si bien si que es mucho más crítico con el respecto a su actuación anterior al crimen.
Pedro Sainz Rodriguez dice también en sus Memorias que a pesar de haber dedicado bastante tiempo a investigar el asesinato de su amigo como crimen de estado, no pudo encontrar nada, creyendo, que desde un punto de vista histórico, nada se podía achacar al gobierno.
En conclusión, a pesar de lo irregular de todo el proceso que llevó a la muerte de Calvo Sotelo, no existen indicios para definirlo como un crimen de estado, sino como el resultado de la situación excepcional que en aquellos tiempos vivía España.

SALUDOS.